La posibilidad de una isla es finalmente la conciencia de que la isla no es ni puede ser individual, se requiere del otro para ser libre en el amor. Queda aún por inquirir sobre el carácter fetichista de la libertad, los límites de la volición, y los límites de la responsabilidad tanto de uno como del otro, instancia que permitiría la emergencia de un ámbito que rehabilite de nuevo la responsabilidad y el derecho inherente de los padres sobre los hijos, pero que a la inversa también se torna necesario.

Es el derecho y la obligación del uno frente al otro y viceversa. A la par esta ética perseguiría la marca que delimita a la racionalidad en fenómenos de creencia, fe, entrega y renuncia como lo son la religión o el amor y con ellos todo a lo que Occidente ha renunciado en aras de la conquista racional del mundo. Finalmente espero haber abierto un espectro muy amplio en el que yo mismo me he perdido con la esperanza de que se siga inquiriendo sobre lo aquí problematizado. Lo principal es no desesperar de dicha empresa, ya que finalmente la restitución del humanismo, aun a riesgo de nuestra propia existencia se esboza en parte en el poema de Daniel1 al momento de su suicidio. Por más desgarrador que sea en contraste a su propia acción, me parece un mensaje lleno de esperanza.


Mi vida, vida mía, mi antiquísima vida,
Mi primer deseo mal curado,
Mi primer amor disminuido,
Has tenido que volver.


He tenido que conocer
Lo mejor que hay en la vida,
Dos cuerpos que disfrutan de su felicidad
Uniéndose y renaciendo sin fin.

En completa dependencia
Comparto el temblor del ser,
La vacilación de desaparecer,
El sol que azota el lindero.

Y el amor, en el que todo es fácil,
Donde todo se da al instante:
Existe en mitad del tiempo
La posibilidad de una isla.
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1 Albert Camus, El mito de Sísifo, Buenos Aires, Losada, p.15.
2 En un sentido bastante amplio, me refiero a la totalidad de prácticas narrativas implicadas en el todo de la cotidianidad.
3 La formulación no es mía. En todo caso pertenece al doctor Néstor Braunstein, filósofo y psicoanalista, que plantea el tránsito del discurso del ámbito del Padre, hacia el del Amo, para llegar en la actualidad al de Mercado. Planteo coincidente en parte a la situación contemporánea de la ideología descrita por Slavoj Žižek, en Žižek, Slavoj, El sublime objeto de la ideología, México, Siglo XXI, 1992.
4 Michel de Certeau “La historia, ciencia y ficción”, en Historia y Psicoanálisis, México Universidad Iberoamericana plantel Santa Fe, 2003, p.17.
5 Ibidem p. 2
6 Ibidem p. 4.
7 Fedor Dostoievksy, Los hermanos Karamazov, México, Porrúa, 1997, p. 165.
8 De Certeau, op.cit., p. 8.
9 Ibidem p. 18
10 Michel Houellebecq, Las partículas elementales, Barcelona, Anagrama, 2006, p. 7.
11 2 Reyes 2,11 Elías sale hacia a Bétel, y le ruega a Eliseo que lo espere en otro lugar, una veces más se lo pedirá a lo que Eliseo contesta en las dos ocasiones ”Por la vida de Yavé y por tu vida, que no te dejaré”. Llegando a Bétel donde los esperan los hijos de los profetas, una y otra vez repiten a Eliseo “¿Sabes tú que Yavé alzará hoy a tu señor sobre tu cabeza?”. Después llegando a Jericó le repiten lo mismo a lo que ya fastidiado Eliseo responde “También lo sé, callad”. De ahí parten hacia el Jordán y después de partir las aguas del río, apareció un carro de fuego con caballos de fuego que separando a Elías de Eliseo arrebató a Elías en medio de un torbellino hacia el cielo. En la tradición bíblica esto dio pie a pensar que Elías regresaría justo antes del advenimiento del Mesías. Así se establece el vinculo entre Elías y Juan el Bautista adentro del cristianismo. Cabe recordar que este último fue degollado.
12 Friedrich Nietzsche, Así hablo Zarathustra, Madrid, Sarpe, 1983, p. 92
13 Dostoyevsky, op.cit, p. 160. Ayer y hoy esto sigue siendo cierto, antes se trataba de una utopía, hoy de un bolso Gucci.
14 Houellebeqc, Las partículas, op.cit. p. 274.
15 Dostoievsky, op.cit. p. 159.
16 Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla, México, Alfaguara, 2006, p. 20.
17 Ibidem p. 40
18 ibidem p. 76
19 ibidem p. 200
20 ibidem p. 158
21 Houellebecq, op.cit. p. 390-391.

 

 



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