Cuando nos encontramos en etapa de desarrollo, nuestro sistema inmune también está en formación, es decir que está censando qué debe reconocer como propio y no extraño y qué debe reconocer como no propio y por lo tanto extraño. De esta manera se constituye un repertorio de células, denominadas linfocitos que nos defienden contra aquello que reconocen como ajeno. El entrenamiento de estas células se lleva a cabo en un órgano que se encuentra precisamente en la parte superior del tórax denominado timo. De esta manera las células salen del timo como un ejército educado que, en teoría, jamás debería atacar ni a los miembros de su propio equipo ni a algún componente de haga parte de éste. Dentro del timo, aquellas células con posibilidades de convertirse en ‘traidoras’ mueren por apoptosis. También deben inducir su propia muerte aquellas células incapaces de realizar su función por incompetencia, es decir, que no reconocen ni lo propio ni lo extraño, como si fueran indiferentes a lo que sucede a su alrededor. De esta manera, aquellas células traicioneras que logran escaparse de la muerte y salir del timo, o aquellas que se han vuelto por error contra el propio organismo, pueden ocasionar enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide y el lupus. Por otra parte, las células pueden ser manipuladas por virus como el VIH, que provoca que ciertas células del sistema inmune induzcan su muerte, quedando así los individuos infectados desprovistos de un sistema de defensa eficiente.

En los vertebrados, la apoptosis durante la morfogénesis del sistema nervioso determina, además del número de neuronas que se generan, la formación de los circuitos que definirán nuestras funciones sensoriales, motoras y cognitivas. Por lo tanto, durante el periodo de desarrollo del sistema nervioso, alrededor del 50% de neuronas mueren por apoptosis. Las neuronas tienen proyecciones que llegan hasta células blanco para transmitir señales y es precisamente por apoptosis que durante la morfogénesis se eliminan aquellas neuronas con proyecciones erróneas.

Asimismo, la muerte celular inducida en sistema nervioso es un proceso usual durante el envejecimiento. A pesar de que las neuronas no se reproducen, están dotadas de una vida longeva en comparación con otras células. Sin embargo, el envejecimiento trae consigo consecuencias nefastas para las neuronas ya que el ambiente que rodea a estas células se vuelve desfavorable para ellas, privándolas por ejemplo de la disponibilidad de factores de crecimiento que son equivalentes a aquellos alimentos nutritivos que requerimos día a día para mantenernos activos. Esto hace a las neuronas vulnerables a morir y las secuelas de este hecho son atroces. De esta forma, la apoptosis de las neuronas se convierte en la consecuencia del envejecimiento cerebral y no en su causa. Los avances de la medicina y la investigación han permitido aumentar la esperanza de vida. La población mayor de 65 años aumenta cada vez y aunque las personas de edades avanzadas tienen una buena calidad de vida en algunos aspectos, es claro que aumentan los casos de personas mayores de 80 años con enfermedades neurodegenerativas. Por ejemplo, las neuronas de las zonas del cerebro vinculadas con la memoria reciente son uno de los grupos que se afecta de forma precoz. Aunque la apoptosis, o muerte celular inducida, no es la causa principal de enfermedades como el Alzheimer y la enfermedad de Parkinson, está vinculada directamente a éstas. Por esta razón se ha convertido en un desafío elucidar los mecanismos que llevan a las neuronas a dejar de transmitir señales y morir.

La curiosidad del ser humano lo ha llevado a adentrarse en el mundo celular y descubrir que existe una ‘organización social’ que funciona perfectamente. Como una empresa compuesta de varios departamentos, cada uno de los cuales tiene una función determinada y única, sin la cual la empresa u organismo completo no funcionaría. Sin embargo, esta empresa celular se deshace de aquellos individuos que no trabajan, que se rebelan o que funcionan mal, en el sentido más maquiavélico que puede existir en el cual el fin justifica los medios. Se asegura de su eliminación silenciosa haciendo que ellos mismos se programen para morir desde que nacen. O viéndolo desde otro punto de vista, cada individuo de la empresa, es decir cada célula, es tan consciente de que si ella misma no funciona o hace mal su trabajo puede ‘contaminar’ a las demás, que se suicida.

La muerte celular es un proceso normal en el organismo. Entonces, ¿qué tan lejos estamos yendo los seres humanos en contra de la naturaleza al tratar de impedir la muerte celular, por ejemplo en el proceso de envejecimiento? Aunque, por otra parte, es todo un reto aliarse con el organismo contra aquellas células rebeldes y cancerosas que se fugan de la muerte; es muy sensato y loable ayudar al organismo declarándoles la guerra por medio de la búsqueda de tratamientos que eliminen a estas células evitando así más muertes a causa de tumores, cánceres y enfermedades autoinmunes.


Bibliografía
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