Vista posterior. Políptico de la muerte, 1775.  
 

 


Literatura doctrinal

El origen de las fuentes doctrinales que seleccioné para leer las imágenes del Políptico, surge de la necesidad de unificar y reforzar a la Iglesia cristiana, que sufrió una fractura importante con el inicio del movimiento protestante, encabezado por el monje alemán Martín Lutero en 1517. Esta coyuntura provocó una crisis estructural en la Iglesia cristiana de Occidente, por lo que tuvo que replantear su funcionamiento teológico y espiritual; político, económico y cultural. Para ello, se realizaron varias acciones enfocadas a restituir su antiguo poder, unidad e influencia y se convocó a un Concilio que se reunió en Trento a partir de 1545 y concluyó en 1563. Contemporáneamente surgió el movimiento contrarreformista católico, cuyo principal promotor fue San Ignacio de Loyola, fundador e ideólogo de la Compañía de Jesús8 y creador de los Ejercicios Espirituales.

Los Ejercicios tienen como fundamento, el Racionalismo cristiano de Santo Tomás de Aquino y la Biblia, principalmente el libro del Eclesiastés. En ellos,el santo contrarreformista ideó un método de reflexión y meditación individual sobre los Novísimos o Postrimerías - la Muerte, el Juicio, el Infierno y la Gloria- a través de la recreación de imágenes mentales o “composiciones de lugar” junto con el examen de conciencia y la oración. Otro de los temas que San Ignacio incluyó en sus Ejercicios, fue la meditación en la Pasión y Muerte de Cristo, ejemplo máximo de virtud, amor y sacrificio; modelo a imitar y a tener siempre en la memoria, incluso en el momento crucial del último combate.

La siguiente obra que también forma parte de nuestro corpus documental, es pieza clave en la interpretación de las imágenes. El Catecismo Romano9 fue escrito por San Carlos Borromeo a instancias del Papa Pío V, se publicó en 1566 10 y es fundamental porque en él se asienta la ideología de Trento. El Catecismo fue escrito con la intención de formar a los religiosos en el arte de la predicación para difundir la doctrina de la ya reformada Iglesia católica. Borromeo se encargó de sistematizar los dogmas de fe y las prácticas que todo cristiano debía seguir durante su vida para tener una buena muerte y obtener la salvación; además, instituyó el modelo estructural y el contenido al que se tenía que apegar cualquier libro religioso como los misales, catecismos, homilías, sumarios de indulgencias, libros del buen morir, manuales de sacramentos y libros de oración entre otros11.

La función del Catecismo, consistió en unificar la Teología y oficializar la doctrina que se debía enseñar y extender por todos los dominios de la Iglesia católica. Incorporó las enseñanzas de El Credo, es decir, los principios de la fe; las prácticas incluidas en los Sacramentos, los Mandamientos y finalmente la oración del Padre Nuestro12. Se tiene noticia de que llegó a la Nueva España alrededor de 1585, junto con otras obras de carácter religioso, para instalarse en las bibliotecas de los conventos, seminarios, colegios y casas particulares.

Del Catecismo Romano se desprenden la estructura literaria y el contenido reglamentario de los libros del buen morir. Sin embargo, existen unos textos anteriores que se consideran el precedente inmediato de éstos, porque difunden el tema del último combate: los Artes moriendi medievales. Este tipo de literatura nació en el siglo XV antes de que se inventara la imprenta13. El Ars Moriendi se relaciona íntimamente con el sentimiento de su época, que se caracterizó por la concepción individualista y angustiante de la muerte, que hasta la primera mitad del siglo XIV se pensaba como un fenómeno completamente natural y destino común de toda la humanidad14.

El Ars Moriendi surgió en un período en que los textos religiosos estaban restringidos a un pequeño núcleo de lectores, en su mayoría, clérigos letrados y cultos. El Ars fue un “compendio de autoridades, citas bíblicas, prácticas litúrgicas y tópicos sobre la muerte”15 cuya función era guiar y preparar al moribundo en el difícil trance de la agonía, en el que el bien y el mal se disputaban su alma, y a través de una serie de tentaciones diabólicas e inspiraciones angélicas, el Ars ilustraba las pruebas a las que el agonizante sería sometido en aquel momento decisivo en el que podía salvar o perder su alma para siempre.

Se conocen dos versiones de esta obra, una larga y otra corta. La que nos interesa por su contenido estructural y visual es la corta, también llamada Quamvis secundum,16 o QS, que fue la más popular y difundida por el occidente europeo. El  Ars QS consta de once grabados en los que se representan las tentaciones y las inspiraciones, encarnadas por demonios y ángeles respectivamente, además de una última escena en la que el agonizante que ha ganado la última batalla, se eleva al Cielo y gana la Gloria eterna. En el Quamvis secundum se vislumbra la estructura que más adelante seguirán los libros del buen morir tridentinos: el proemio, la proposición, las pruebas y la solución, a través del método dialéctico que la Escolástica medieval retomó de la filosofía platónica, que propone un sistema racional basado en la formulación de preguntas y respuestas. El QS incluye una introducción o proemio en donde se advierte al lector la importancia de prepararse para salir exitoso de la agonía o último trance. El grueso de la obra o proposición, subraya cómo se deben enfrentar las cinco tentaciones diabólicas, a partir de las pruebas indicadas por las cinco inspiraciones angélicas. Por último está la solución, ilustrada por el triunfo del moribundo que combatió las tentaciones diabólicas, obtuvo una buena muerte y venció al pecado.





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