Para Burroughs el mundo moderno se encuentra interferido, se ha perdido claridad: “Un granjero ve a sus vacas de verdad: ve lo que tiene delante y lo ve bien claro. No es un problema de costumbre: el problema es que algo se interponga entre uno y la imagen de tal forma que impida verla”.1 Se trata en cierta medida de la ausencia de certeza en la vida misma.
Para la publicación original de Yonqui en 1953 a Burroughs se le pidió escribiera un prefacio “en el que explicara que era de buena familia (…) y diera algunos detalles que permitieran comprender cómo era posible que un ciudadano supuestamente normal llegara a convertirse en un degenerado enemigo de la sociedad”. 2 En cierta medida ese prefacio, con la lectura censurada del resto del libro imponía una respuesta a la pregunta que en tres ocasiones aparece formulada en el libro. “Ésta es la pregunta que se plantea con más frecuencia: ¿Qué hace que alguien se convierta en drogadicto? La respuesta es que nadie se propone convertirse en drogadicto”. 3
«¿Por qué necesita tomar estupefacientes, señor Lee?»
Esta, “una pregunta que suelen hacer los psiquiatras estúpidos” 2 es difícil de responder. Burroughs dice que “uno se hace adicto a los narcóticos porque carece de motivaciones fuertes que lo lleven en cualquier otra dirección. La droga llena un vació” 4. En dado caso cabe preguntar qué vacío es ese.
Entre el “Nací en 1914 en una sólida casa de ladrillo, de tres pisos, en una gran ciudad del Medio Oeste. Mis padres eran personas acomodadas” 5 del Prefacio y el “Tuve mi primera experiencia con la droga durante la guerra, en 1944 o 1955” 6 del primer capitulo, existe algo imperceptible, casi inescrutable más que de modo místico. Este periodo al que Borroughs hace referencia entre las dos fechas consignadas marca una época importantísima para la historia no sólo de un país sino del resto de la historia del mundo.
Está de más señalar que de 1914 a 1945 corre el inicio de la Primera guerra mundial y el final de la Segunda. Claro que Burroughs no se vio involucrado en la segunda guerra mundial ya que alegó incompetencia mental y para probarlo incluso se cortó una falange del dedo, pero ello no implica que se haya visto ajeno a todo el cambio en el ritmo de vida norteamericana.
Este fue un periodo donde estaban “todas las ventajas de una vida confortable, segura, que se ha ido para siempre”. 7 Pero ese confort no fue más que la evasión de una ciudad del Medio Oeste de la que sus padres lo escondieron prematuramente. Sus recuerdos más tempranos los asociaba al miedo a la soledad y a la oscuridad, pero por sobre todo a las pesadillas “en las que un horror sobrenatural siempre parecía a punto de adquirir forma” 8. Se trata de una presencia ausente, eso que al voltear desaparece de nuestro campo de visión. Es algo que nos rodea, y nos hace ser ahí, pero que para algunos no vasta tal grado de certeza, sino que se requiere la experiencia como tal de aquello que nos atormenta.
En gran medida, frente al miedo Burroughs optó por las correrías adolescentes en compañía de otros jóvenes, pequeñas aventuras con un leve toque de romanticismo que como él declara, no lo conducían absolutamente a nada, “comprendí que no existía compromiso posible entre el grupo, los otros, y yo, y llevé una vida muy solitaria”. 9
Allan Ansen, amigo desde los cuarenta nos informa que Burroughs antes de llegar a las drogas ya se había sometido a un psicoanálisis que “aleja el miedo pero no cierto sentido de aislamiento”.10 Frente a este aislamiento, la conciencia de sí mismo se torna trascendental para comprender un posible por qué.
El miedo de Burroghs en cierta medida fue el miedo de toda una sociedad pues no sólo para él, sino para una nación entera son años de aventura, desde la breve pero fundamental intervención en la guerra, el súbito control de la política internacional, pasando por los vertiginosos años veinte que culminan en una crisis económica mundial y
la ruina económica de su familia, un rápido reajuste económico y político, el decisivo choque contra el fascismo, hasta llegar hasta el apoteótico lanzamiento de la bomba atómica, son años en los que se tornó difícil establecer dónde estaba el país situado. La generación desorbitante de mitologías sobre estos años indica esto, la necesidad cultural de una nación por encontrar de nuevo algo que les dijera quiénes eran, qué habían hecho y hacia dónde iban. Y esto se debe en gran medida a la aventura misma, pues ella volvió a romper el equilibrio que se estableció después de la guerra civil norteamericana.
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