ANIMALES Y DROGAS

 

Andrea Glockner Fagetti
Biología Marina, Universidad del Mar, Puerto Ángel

 

Al hablar de las drogas entramos en un tema muy extenso que puede ser estudiado desde puntos de vista muy diversos. No es el caso aquí de entrar en discusiones sobre el Hombre y su experiencia con alucinógenos, o el consumo de drogas o la importancia de los enteógenos para ciertas comunidades, sino más bien abarcar un tema poco estudiado pero no por eso menos interesante. Muchas veces, nuestra soberbia y egoísmo característicamente humanos, nos han impedido observar las cosas que tenemos en común con otros organismos vivos de la Tierra. Cuando hablamos de las drogas pensamos en cómo se relacionan con el Hombre, qué efectos tienen, qué experiencias le provocan, qué usos se les da, etcétera. Digo esto porque pocas personas se han preguntado si el ser humano es la única especie animal que consume drogas, y muchas menos (entre ellas Giorgio Samorini) han tratado de dar respuestas.

Sin lugar a dudas, el consumo de sustancias que alteran el estado de conciencia no está reservado exclusivamente para el ser humano. Actualmente se conocen alrededor de 380 especies animales que lo hacen. Es difícil determinar si este consumo es intencional, por aprendizaje o por casualidad, y si realmente estas sustancias les producen una alteración fisiológica. Personalmente creo que algunos son conscientes (no de la forma que lo sería un ser humano, obviamente) de que al ingerir o estar en contacto con algunas plantas, éstas les provocan sensaciones que normalmente no experimentarían. Y lo hacen porque buscan el placer y bienestar que les producen o para salir de los comportamientos básicos de siempre. Basta observarlos para notar el cambio en su comportamiento, se les ve sumidos en un estado de relajación y lo disfrutan. Su mirada es distinta, como si vieran su entorno de otra forma o desde otra perspectiva.

La inteligencia animal se ha subestimado a pesar de que estudios e investigaciones demuestren que son capaces de hacer cosas extraordinarias. Aún se piensa y se cree que sus acciones se deben sólo al instinto de conservación. Pero la verdad es que los animales poseen una inteligencia, que tal vez no debería llamar así, incompatible con la nuestra y una sensibilidad que no podemos comprender por el simple hecho de ser humanos.

Las plantas y los hongos tienen un lenguaje químico muy complejo que nosotros hemos ido descubriendo y comprendiendo poco a poco. Las sustancias que producen alteraciones fisiológicas y de conciencia se encuentran naturalmente en algunos de estos organismos. A veces estas sustancias no cumplen una función específica en la planta o el hongo, simplemente están ahí. Pero cuando otro organismo experimenta con ellas, se desencadena una serie de reacciones químicas en el sistema nervioso, y en todo el cuerpo, que provocan sensaciones muy diversas y en ocasiones también alucinaciones.

Existe una cantidad impresionante de plantas y hongos que contienen sustancias psicoactivas o psicotrópicas que el Hombre ya se ha encargado de probar, experimentar y, en algunos casos, de sintetizar. Una de estas plantas cuya sustancia activa no ha sido sintetizada es la Banisteriopsis caapi o yagé, liana muy común de la selva del Amazonas. Ésta, junto con la Pychotria viridis o chacruna, son utilizadas para preparar una bebida sagrada denominada ayahuasca. Los alcaloides de estas dos plantas se complementan para que sus propiedades surtan efecto en el cuerpo.

La corteza, los tallos y las hojas de la Banisteriopsis caapi contienen grandes cantidades de betacarbolinas o alcaloides de harmala, como harmina, tetrahidroharmina y en menor cantidad harmalina. En los humanos, estos alcaloides propician el incremento en la actividad neuronal, inhiben temporalmente las propiedades de la enzima monoamino oxidasa (MAO), lo cual produce un incremento considerable en los niveles de serotonina del cerebro. La serotonina es un neurotransmisor encargado de controlar y regular las emociones, el estado de ánimo, la percepción sensorial y las funciones cognoscitivas superiores como el razonamiento. Permite la síntesis de otro neurotransmisor llamado melatonina, que se encarga de la regulación fisiológica de la retina transformando las señales luminosas en señales hormonales. La harmala también activa la conexión entre ambos hemisferios cerebrales. Cuando uno bebe ayahuasca, las experiencias psicotrópicas son causadas por la dimetiltriptamina (DMT) que se encuentra en las hojas de chacruna. La DMT tiene efecto gracias a que la MAO es inhibida por la harmalina, sin ella, la MAO destruiría las moléculas de DMT.

En fin, no se trata aquí de entrar en un análisis de las reacciones químicas y todo eso, es sólo un paréntesis para introducir lo siguiente: los jaguares consumen hojas de Banisteriopsis caapi. Seguramente hemos observado cómo algunos animales, como los canes y los felinos, comen pasto o hierbas que después regurgitan. Pues este comportamiento tiene una función muy clara: el ácido fólico que contienen las hierbas les ayuda a purgar su sistema digestivo y a librarse de materia no digerida. Pues el jaguar, como buen felino que es, también tiene esta costumbre. Solamente que en la selva es un poco más difícil encontrar pasto. Él opta por comer hojas de distintas plantas, entre las cuales está el yagé. Obviamente al comer las hojas está ingiriendo cantidades considerables de alcaloides de harmala. La pregunta es si el jaguar come estas hojas por equivocación o porque sabe que alteran su estado y busca experimentar esas sensaciones.

¿Qué es lo que captan los ojos del jaguar y cómo lo aprehende su cerebro al estar bajo los efectos de la harmina? Me aventuro a hacer una interpretación de acuerdo a lo que he visto y leído: Si los niveles de serotonina aumentan, probablemente experimenta un incremento en la percepción sensorial. Todo lo que está a su alrededor se ve diferente, y al estar ligado a la secreción de hormonas, le produce sensaciones de placer y relajación. Tal vez estos alcaloides le sean útiles al momento de cazar para obtener alimento si todo lo que percibe se vuelve más intenso. En algunos pueblos indígenas de la selva se bebe ayahuasca en ceremonias rituales para adquirir las cualidades cazadoras del jaguar.

Las comunidades indígenas alrededor del mundo, han tenido siempre una estrecha relación con la naturaleza. El Hombre ha aprendido del comportamiento de los animales y de la observación de su entorno. Han considerado a ciertos seres vivos como sagrados por el papel que desempeñan en la comunidad y/o por las propiedades que les permiten tener contacto con divinidades y otras realidades que también pueden ser oníricas.

Al final del verano comienza el crecimiento de los hongos en el norte de Europa. Los renos, que ansían ya este momento, buscan Amanita muscaria entre los pastos y bajo las copas de gigantescos pinos. Disfrutan tanto de este manjar que en invierno son capaces de buscarlo bajo las gruesas capas nieve. Cuando el hombre antiguo observó la conducta de estos animales probablemente fue que descubrió el poder contenido en los hongos. Actualmente y desde hace mucho tiempo, la amanita es utilizada en algunas comunidades en los rituales que celebran el fin del invierno. Un chamán lo conduce y se encarga de repartir las raciones.

Los Sami, que habitan en Laponia (una región dividida entre Noruega, Finlandia y Suecia) son un pueblo dedicado principalmente a la crianza de renos. Ellos acostumbran a alimentar a sus renos domesticados con amanita para después recoger y beber su orina. Como el principio activo llamado muscarina no se metaboliza en el cuerpo es expulsado a través de la orina y tiene los mismos efectos que si el hongo se comiera. De esta forma los renos forman parte del ritual. Los Hombres, bajo los efectos de la muscarina, observan a sus renos volar. De ahí la teoría de que la imagen e historia de Santa Claus surgieron de estos rituales sagrados. Los colores rojo y blanco de su traje hacen alusión a la Amanita muscaria. El Dr. Ian Darwin Edwards tiene una hipótesis al respecto que vale la pena consultar si desean profundizar en este tema.

Además del Hombre y los renos, la Amanita muscaria también seduce otros animales. Para empezar, las moscas, de donde proviene su nombre (muscaria viene del latín musca). Y es que estos insectos, al probar la superficie del hongo, quedan catatónicos temporalmente. Algunos sapos sacan provecho de este asunto y esperan en el suelo a que las moscas caigan para alimentarse de ellas y, por qué no, darse un pasón ellos también.

Si seguimos por la línea de los animales que consumen plantas, están también los mandriles en Gabón, África. Giorgio Samorini fue el primero en estudiar la relación de los pobladores con los mandriles. Esta especie le da un uso muy especial a una planta y aún no se sabe cómo fue que descubrieron sus efectos. Los mandriles suelen vivir en comunidades jerarquizadas y muy numerosas. Cuando un mandril de menor jerarquía intenta aparearse con una hembra, está desafiando al macho dominante. La pelea no se realiza en ese momento, sino que ambos se retiran a la selva a buscar la iboga. La arrancan de la tierra y comen la raíz. Cuando comienzan a sentir sus efectos (que es alrededor de dos horas después) se disponen a pelear. Lo que les produce la iboga es euforia y excitación, que les da coraje y los vuelve más agresivos. La gente de la comunidad había observado este comportamiento y descubrieron que es un potente alucinógeno. Ahora ellos también utilizan la iboga, en una ceremonia religiosa llamada Buiti. Tiempo después, Samorini pudo contemplar la conducta de los mandriles y documentó el origen del uso de este enteógeno en la comunidad.

Los pastores etíopes observaban que sus cabras disfrutaban comer unas bayas rojas que las excitaba. Una vez alguno las probó y descubrió el café. De igual forma se descubrió el khat, una planta euforizante que se masca y es muy común en Medio Oriente. La llaman flor del paraíso y desde luego mantiene a las cabras lejos de los cultivos.

Regresando a los felinos, es interesante hablar del gato doméstico. Su debilidad es una planta de flores moradas, llamada nébeda, que crece en casi todos los ecosistemas. ¿Nos hemos preguntado a dónde van los gatos durante todo el día, que regresan a la casa cansados y sólo quieren un poco de comida e irse a dormir? Pues si esta planta crece en parques o jardines cerca de nuestras casas, seguramente se la pasan ahí, junto con otra decena gatos. Mientras se establecen relaciones sociales y de jerarquía, los gatos disfrutan de frotar sus bigotes con las hojas y masticar las flores.

La Nepeta cataria tiene aceites aromáticos con estructuras químicas similares a las sustancias de la orina de los gatos (macho). Estos aceites, por lo menos a las hembras, las excita sexualmente. Pueden comportarse dóciles con los demás gatos si el efecto es de relajación y placentero. Pero la nébeda les produce una serie de sensaciones muy diversa. También vuelve a los gatos agresivos y los hace disputar por el dominio de una planta. O los hace alucinar. De pronto se les ve persiguiendo objetos rastreros que nosotros no alcanzamos a ver. Pero también, en cierta forma los vuelve adictos. No precisamente a la sustancia activa sino a las sensaciones que les producen. Y es que algunos gatos tienen un gen responsable de que reaccionen a los nepectalactones (sustancia activa) de la nébeda. Digo algunos gatos porque con la domesticación este gen ha tendido a desaparecer.

Lo que sigue no trata de la relación de las comunidades con los animales y las plantas, sino del Hombre moderno y cómo ha impactado a estos. Con el incremento del turismo en las islas del Caribe, la población animal se ha visto afectada. El crecimiento poblacional no sólo está desplazando a las especies animales sino que ha modificado sus hábitos. Los monos verdes han desarrollado un comportamiento muy interesante: acostumbran visitar los hoteles y restaurantes que han invadido su hábitat y buscan sacarle provecho a esto. Son animales muy ágiles e inteligentes. Todo lo que se encuentran a su vista y les parece interesante, lo toman. En algún momento debieron probar la comida y las bebidas que quedaban descuidadas en alguna mesa. Pues las bebidas que contenían alcohol les fascinaron. Ahora, se podría decir que son alcohólicos. Tal vez parezca un disparate, pero no lo es. Han creado una dependencia impresionante a estas bebidas. Son capaces de robar descaradamente de las mesas y no se conforman con las sobras en un vaso.

La presencia del alcohol en sus relaciones como sociedad se ha hecho muy marcada. Los líderes ya no dominan sobre los demás por su fuerza o su capacidad para reproducirse o por su inteligencia, sino por su capacidad para conseguir alcohol y alcanzar un grado de embriaguez considerable. El macho dominante tiene preferencia sobre los demás en el consumo de alcohol, pero todos tienen permitido hacerlo. Roban algunas bebidas de las mesas y se sorben rápidamente. Después se les ve tambaleándose, cayéndose de las mesas o peleando con otros por los vasos. Al final, les cuesta trabajo tomarse de las ramas de los árboles para regresar y reunirse con los demás.

A los elefantes africanos también les encanta embriagarse. Pero ellos han encontrado la forma de hacerlo por sí solos, sin depender del Hombre. Ellos comen el fruto de un tipo de palma que normalmente no sería parte de su dieta. Pero descubrieron que este fruto, al fermentarse en su estómago, les produce embriaguez. Es una conducta que se aprende por observación.

Muchas especies animales establecen relaciones entre sí, que pueden o no beneficiarlas o perjudicarlas. Esto ayuda a que se mantenga un equilibrio ecológico entre las poblaciones. Los ejemplos que hemos visto son relaciones simbióticas entre animales y plantas, en donde los primeros se benefician de los segundos. Pero también existen relaciones entre animales que tienen que ver con el consumo de sustancias que alteran fisiológicamente al organismo.

Los lémures negros, en simbiosis con los milpiés, son un ejemplo extraordinario. En la selva existe una diversidad impresionante de insectos. Hay algunos muy tóxicos, peligrosos y otros sólo molestos. Los lémures han encontrado una solución para librarse de los mosquitos, que muchas veces les transmiten la malaria. Utilizan las sustancias químicas que libera el milpiés para defenderse como repelente.

El lémur recoge del suelo entre la hojarasca a un milpiés. Una vez que ha regresado a los árboles, lo mordisquea suavemente para que libere un liquido oscuro. Cuando esto ocurre, parte del líquido es ingerido (¿voluntariamente?) por el lémur, pero el resto se lo esparce por todo el cuerpo, principalmente en la cola. La sustancia que secretada contiene cierta cantidad de cianuro. Así que al mismo tiempo que el milpiés le proporciona al lémur un repelente le está dando una dosis moderada de un tóxico. El lémur se sumerge en un estado de éxtasis y bienestar. Tal vez el cianuro tenga efectos perjudiciales para la salud, pero lo que es cierto es que al lémur le encanta este estupefaciente.

Otro ejemplo increíble son las hormigas. Como es sabido estos insectos han desarrollado una compleja estructura social, en la que cada individuo cumple una función específica. Al parecer cada hormiga hace lo que le toca, pues nació para eso. Pero precisamente por esto, varios tipos de especies han desarrollado técnicas que les permitan salir del comportamiento de siempre. Todas las hojas que las hormigas arrieras recolectan se van al hormiguero, a unas cámaras húmedas especiales donde se almacenan y sirven como abono para cultivar un hongo. Este hongo es utilizado para alimentar a las crías. Las hormigas ganaderas también establecen una relación de mutualismo pero con un escarabajo. Ellas lo alimentan y le proporcionan refugio y a cambio el coleóptero exuda una sustancia química. Las hormigas pueden beber de esta sustancia cuando lo deseen y tiene un efecto embriagante que las hace entrar en un estado de estupefacción y placer.

Las hormigas también se relacionan con varias especies de aves, pero en este caso ellas no se benefician. El pájaro se para en la entrada del hormiguero con las alas extendidas y permite que éstas le invadan todo el cuerpo y penetren en el plumaje. Mientras las hormigas recorren entre las plumas el ave, extasiada, realiza movimientos en espiral y alrededor del hormiguero. Después de una sesión de 30 minutos aproximadamente, se sacude para que las hormigas caigan. Algunos científicos explicaron esta conducta argumentando que el ácido fórmico secretado por las hormigas ayuda a limpiar el plumaje y libera al ave de piojos y parásitos. Pero otros creemos que también lo hace por placer. Este comportamiento se observa en loros, tordos, cuervos, entre otros.

Otras aves, como los pinzones, disfrutan del humo provocado por las hojas que se queman. Se pasean de un lado a otro con las alas extendidas y el cuello y la cola estirados. Realizan movimientos circulares, dan pequeños vuelos y todo para impregnarse con el humo. Se sabe que también conocen otras fuentes que les producen placer por ejemplo las secreciones de algunos tipos de orugas, los jugos de las plantas. A los pájaros domesticados les encanta la naftalina y las cenizas del tabaco.

Muchas veces hemos provocado que los animales prueben sustancias narcóticas que los embriaguen. A los chimpancés les agrada fumar tabaco, y eso es por estar en contacto con humanos que lo hacen. Ha habido casos de chimpancés fumadores que llegan a refugios de animales porque la familia que lo adoptó ya no lo puede mantener. ¡Se les tiene que dar un tratamiento para que puedan dejar el cigarro! A los ratones de laboratorio se le ha dado tabaco y se ha observado que les encanta masticarlo. Se ha experimentado con arañas de la misma especie para observar la forma en que construyen su teleraña. A una se le administra cierta dosis de cafeína. Al compararla con las otras que permanecen en estado normal, se observa que su telaraña no tiene un patrón de construcción, es asimétrica y no es capaz de sostener a un insecto pequeño como las demás.

El hecho de que algunos animales consuman, como nosotros, sustancias psicoactivas o narcóticas implica que tenemos más cosas en común de lo que creemos. Esto demuestra que los animales tienen también un grado de conciencia e inteligencia considerables y que por el hecho de que nosotros no entendamos no quiere decir que no existan. Giorgio Samorini, en su libro Animales que se drogan, plantea la hipótesis de que esta conducta animal cumple una función evolutiva, pues al alterar su estado se modifican los comportamientos instintivos.

 

Fuentes:

http://www.stonerrock.com/forums2/allposts.asp?Forum=ap649817731&ID=8796&StartAt=0

http://www.xtec.es/~jortiz15/29may03.pdf

www.videos-star.com/watch.php?video=SvCz71Mvo6c

www.videos-star.com/watch.php?videos=Cl9KrY1qGLQ

www.videos-star.com/watch.php?videos=jSCopgmKxZQ