En el remake de
"Ultimo tango a Parigi" en lugar de mantequilla se usará "I Can't Believe It's Not Butter"


profetica

VIAJE A TRAVÉS DEL MEZCAL DE EJUTLA


Cornelio I. Pérez Ricarde1
Mezcales Tradicionales de los Pueblos de México

Un día sin Mezcal
es como un día sin sol
Tío Jaime Brena (+)

 

Después de trabajar dos agotadores días, lunes y martes, durante 18 horas arreglando computadoras Macintosh, me dispuse para dormir y levantarme el miércoles temprano para almorzar un buen consomé de barbacoa en el negocio de Doña Esperanza. Cuando desperté, no era temprano, sino las 2 de la tarde y el plan barbacoyero se fue a volar. Así que fui al refrigerador, saqué una cazuelita con chapulines y el bote de salsa de chile taviche verde con gusanitos; para acompañar este manjar, tomé de un canasto tostaditas saladas de las que hacen en Yegosevé, Ejutla, y preparé varias de ellas para iniciar mi comida. Tostadas y chapulines me llevaron, inevitablemente, al antojo de Mezcal y, como dice el refrán, “al cuerpo lo que pida”. Pues que me sirvo un Mezcal hecho con Maguey Mexicano y Maguey Tobasiche, de los que fabrica Don José en Yogana, población perteneciente también al Distrito de Ejutla.

Di un trago a mi Mezcal y una mordida a la tostada, que crujió sabrosamente al tiempo que ésta desprendía su fino y exquisito aroma de maíz criollo; después crujían los chapulines, que estaban sazonados con limón y chile piquín. De nuevo besé calladamente la jícara de Mezcal y engullí el segundo buche, y el tercero y…se acabaron las tostadas y abrí una segunda botella de Mezcal.

Pues me dieron las 6 de la tarde y los benditos Mezcales me llevaron a decidir que ese mismo día -cómo chingados no-, miércoles en la noche, me iría a Ejutla a ver a Don José y, por tanto, las computadoras Macintosh y sus dueños podían irse directitito a chingar a su madre. Decisión que, aunque no lo parezca, fue la más sensata de todas las que había tomado durante los últimos 20 días, lo que corrobora parte de un verso de mi querido y siempre bien recordado Tío Jaime: “sólo estando borracho se puede vivir en juicio”.

Pues no sé cómo, pero de repente me percaté de que estaba ya, el miércoles por la noche, en la terminal de autobuses Fletes y Pasajes de la Ciudad de México, por el rumbo del aeropuerto, esperando la salida del camión de las 22:30, cuya ruta pasa por la Ciudad de Oaxaca, Ocotlán, Ejutla y su destino final era Miahuatlán; el mío era Ejutla, la tierra de mis padres y de toda mi familia, cabecera del Distrito del mismo nombre en el Estado de Oaxaca.

A partir de este momento no supe lo que pasó en mi mente, pues todos los recuerdos que a continuación relato, sucedieron (y suceden) en un tiempo extraño, una especie de presente perpetuo que mientras los narro, éstos suceden de nuevo y, al vivirlos otra vez, el relato aparece en mi mente, como si al tiempo que reVIVO los recuerdos, los narrara simultáneamente. Por tanto, advierto al lector que lo siguiente está redactado, básica pero no únicamente, en tiempo presente, pues así pasó y sigue pasando cada vez que lo releo.

Después de 7 horas y media de viaje, llego a mi destino como a las 6 de la mañana del jueves. Me dirijo al mercado para tomar algo, aunque sea un café o chocolate de agua, ya que aún es temprano y los puestos de comida están cerrados, excepto uno donde siempre me preparan cafecito de olla.

 

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