Julio Glockner Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
La historia del encuentro del hombre occidental con el uso ritual de plantas sagradas en América se remonta a sus primeros contactos con los taínos que habitaban las islas del Caribe. Las exploraciones de los europeos de aquél entonces no sólo culminaban en nuevos descubrimientos geográficos, también en la constante aparición de costumbres y formas de vida desconocidas.
Nos hemos acostumbrado a designar con el término “droga” las más diversas sustancias sin distinguir sus cualidades químicas, sin reparar en su origen natural o sintético, en sus efectos psicofisiológicos, ni en su contexto cultural y en los usos que de él se derivan. Este artículo pretende hacer una revisión de la enunciación social de estos fenómenos desde la antropología para poder entenderlos mejor.
Dr. Carlos Antonio Flores Pérez Doctorado en Ciencias Políticas, Facultad de Ciencias Políticas, UNAM
Por principio de cuentas es preciso señalar que el tráfico de drogas es en sí mismo una actividad económica: se trata de la producción, transporte y comercialización de determinadas sustancias en función de un mercado que demanda las mismas, que por razones históricas han sido proscritas a partir de los intereses de la potencia hegemónica mundial, paradójicamente, aquella donde se encuentra el mayor consumo de drogas psicoactivas: Estados Unidos.
Rafael H. Pagán Santini Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Desde la ansiedad por el pastel de chocolate hasta el deseo por la heroína pasan por el mismo sistema neurológico que va cubriendo nuestro universo hasta convertirse en una adicción. La idea de que se puede ser adicto es algo reciente, ésta procede de mediados del siglo XIX. El término no se hizo de uso común sino hasta más tarde, y precede en un cierto tiempo a la aplicación difusa del término para la adicción alcohólica. Originalmente, las adicciones fueron vistas como un estado del organismo, posteriormente se le ha comprendido como una condición donde se entrecruzan factores biológicos (neuroquímicos y predisposición genética), estilos de vida e identidad.
Cornelio I. Pérez Ricardez Mezcales Tradicionales de los Pueblos de México
A mi regreso de este viaje a Ejutla, que no terminó en casa de Tío Luis sino que se prolongó durante 5 días más, traté de ordenar parte de lo acontecido. Fue imposible. Sólo por cuestión de continuidad, ordené hechos en cierta secuencia que, al preguntar a quienes participaron en ellos cómo habían sucedido realmente, todos dieron versiones diferentes; sólo coincidieron en los Mezcales compartidos y en el extraordinarios ambiente de ese jueves glorioso. ¿Fue el Mezcal el motor de esa extraordinaria zaga?
Cuentan que hace unos cincuenta años, para recorrer los 82 kilómetros que separan a Huautla de Teotitlán del Camino, por esa accidentada brecha que le fue dibujada en el costado a la sierra mazateca, eran necesarias 13 horas, un par más si el ascenso se hacía en época de lluvias. Más abajo, al otro lado, los habitantes de la mazateca baja vivían su propio éxodo particular. Muy lejos de aquellas montañas, en Haight-Ashbury, San Francisco, el epicentro del movimiento jipi hacia arder en llamas los buenas costumbres del american dream. Resulta ciertamente peculiar que una de las consecuencias más destacadas del estallido contracultural de los sesenta haya generado una extraña empatía por cualquier modo de vida, siempre y cuando éste estuviera bastante alejado de las buenas pretensiones del modo WASP.
Andrea Glockner Fagetti Universidad del Mar, Puerto Ángel
Sin lugar a dudas, el consumo de sustancias que alteran el estado de conciencia no está reservado exclusivamente para el ser humano. Actualmente se conocen alrededor de 380 especies animales que lo hacen. Es difícil determinar si este consumo es intencional, por aprendizaje o por casualidad, y si realmente estas sustancias les producen una alteración fisiológica. Personalmente creo que algunos son conscientes (no de la forma que lo sería un ser humano, obviamente) de que al ingerir o estar en contacto con algunas plantas, éstas les provocan sensaciones que normalmente no experimentarían.
La aventura es lo opuesto a la cotidianeidad, la aventura es finita, y es en este carácter moribundo donde radica su mayor grandeza pero también su mayor defecto. Disfrutar la aventura es tolerar e incluso desear su fin. Pero Burroughs propuso otra alternativa: renunciar a la aventura, renunciar a la vida y encontrar un sentido, un por qué al absurdo aún cuando para la mayoría de nosotros sea absurdo pero además maligno el objeto mismo que proporciona el bienestar, un horizonte que llene de sentido la monotonía del lento escurrimiento del sobrevivir.
Lucía Sánchez Gasca Colegio de Literatura Dramática y Teatro, UNAM
El texto en torno al cual gira este ensayo es Confesiones de un inglés comedor de opio del escritor Inglés Thomas de Quincey, un texto de riqueza indudable cuya estructura presenta una complejidad vasta. El autor nos va adentrando en su intimidad como en un laberinto, la intimidad de la confesión, acto similar a la desnudez o el desnudarse, que inquieta al que la observa. La nitidez de las imágenes en las descripciones, tanto de la naturaleza en la provincia como de la urbe londinense, el entramado del sentir y el pensamiento, la reflexión sobre la condición propia y de la época, dotan al lector de una pluralidad de temas que aquí analizaremos.
Popularmente se habla del consumo de las drogas en la música y su relación con las estrellas de rock, la contracultura, la ilegalidad y el oscuro mundo de los excesos del pop, sin embargo, esta relación ha existido desde antes que se pudiera hacer una nota amarilla al respecto. Ya fuera con fines terapéuticos, de recreación, espirituales o religiosos, el consumo de drogas en la música se relaciona estrechamente con el baile para estimular una experiencia multisensorial, casi catártica.
La ética de Kant es una de las teorías morales más importantes en la actualidad. Ha influido en teorías de la justicia contemporánea, así como en teorías sobre los derechos humanos. El énfasis se ha puesto en los deberes hacia los demás, en lo que se refiere al contenido de esta ética. El propósito de la autora de este ensayo es ofrecer una lectura de algunos de los deberes hacia uno mismo, en particular, desarrollo el deber de no abusar del consumo de alcohol y estupefacientes, el cual se relaciona con el deber de cuidar nuestra naturaleza animal.
Este texto va dirigido a un lector que habite en el día a día, en el afuera del mundo de la intelectualidad, sea éste real o pretendido. Tómese más bien este texto como una gigante nota aclaratoria, crítica, al pie de página, cuyo objetivo fuera responder a las preguntas: ¿Qué legitima la penalización por parte del Estado –en nuestro caso el mexicano– del consumo y producción de drogas? ¿Cuál es la congruencia interna de ese discurso? ¿Cuál es la congruencia que el mismo tiene con las políticas adoptadas por el Estado mexicano en un escenario de realidad ideal?
Título: Drugstore Cowboy Director: Gus Van Sant Escritor: James Fogle (novel), Gus Van Sant y Daniel Yost Reparto: Matt Dillon (Bob), William S. Burroughs (Cura) Año:1989 País: EUA