En el remake de
"Ultimo tango a Parigi" en lugar de mantequilla se usará "I Can't Believe It's Not Butter"


profetica

Sicko
Un mal menor para prevenir uno mayor

 

Javier Quintanar Polanco


Es indudable que Michael Moore es un realizador polémico. Y no sólo por los temas que trata (a través de sus documentales y sus libros) sino también por la manera en que lo hace: valiéndose del sarcasmo, de un tono incendiario e inquisitivo y haciendo uso desmedido de la ironía y de un humor cáustico (o en ocasiones muy negro) para exponer diversas problemáticas, atacar a los responsables directos de las mismas, e intentar concientizar (sobre todo a sus conciudadanos) de la gravedad de cada asunto que nos es mostrado a través de sus diversas producciones.

Este estilo tan peculiar manejado por Moore, le ha procurado tanto seguidores como detractores. Y entre estos últimos, podemos encontrar a algunos críticos cinematográficos que le han acusado de ser un documentalista con poco rigor, de tender hacia cierto protagonismo en sus filmes y de ser parcial y hasta algo demagógico en sus planteamientos, que se trasminan en los hechos que presenta, afectando la veracidad de los mismos. E inclusive no faltan aquellos que han puesto en tela de juicio su objetividad al usar su cine como arma política y de propaganda (como lo hizo con su anterior documental, el cual fue usado para intentar evitar que George Bush Jr. fuese reeligido).

Sin embargo, los que hacen dichas acusaciones olvidan un pequeño detalle: si bien es cierto que el documental es considerado un género que por naturaleza busca ser imparcial y objetivo, estos factores siempre están sujetos a la percepción, las intenciones e inclusive la ideología del documentalista que los produce. Aquél que realiza un documental siempre busca retratar, mostrar o percibir algún aspecto de la realidad que esta registrando tras de su lente, y tal aspecto es seleccionado por el realizador buscando crear una reacción en el espectador: ya sea denuncia, asombro, indignación o cualquier otra sensación, el documentalista (y en esencia, el cine y el arte mismo) busca crear una determinada respuesta en su receptor. Y es lógico que para lograr esa respuesta, el creativo explote diversos elementos para lograr su objetivo.

Que Michael Moore haya optado por cierta espectacularidad y protagonismo en sus trabajos, es más una cuestión de estilo que una seria deficiencia en su metodología de trabajo, y lo que es más: demuestra un compromiso genuino del autor por los temas que mordazmente aborda. Dicho estilo puede no agradar a algunos, pero las verdades expuestas en sus cintas difícilmente pueden ser refutadas.

Tal es el caso de la obra que en esta ocasión nos ocupa: Sicko, su más reciente proyecto, se enfoca en algo importante en la vida de todos, pero que curiosamente no lo tomamos demasiado en cuenta hasta que necesitamos de ellos: los sistemas de salud pública. Y en este caso específico, los que están vigentes en los Estados Unidos.

Como lo ha venido haciendo en sus anteriores películas, el realizador inicia analizando diversos casos particulares relativos al tema: personas que carecen de servicios de salud por no poder costear las cuotas de un seguro médico (y que paradójicamente, terminan pagado un alto precio por ello), otras que no han podido asegurarse al ser rechazados ya sea por poseer enfermedades crónicas o por razones absurdas (ser muy delgado, muy alto o muy gordo, entre otras…), y finalmente, presenta otros casos de personas que, a pesar de estar aseguradas y pagar sus cuotas regularmente, no reciben (o de plano les es negada) la atención médica ya sea por diagnósticos superficiales o erróneos, por negligencia de sistema burocrático de los hospitales, o por subterfugios legales de los cuales echan mano las aseguradoras para evitar pagar los gastos médicos a sus clientes. Algunos de los relatos aquí presentados que varias de las cosas negativas que hemos visto o escuchado de nuestro propio sistema de salud palidezcan.

En este instante, cabe hacer la aclaración de que el sistema de salud pública norteamericano esta manejado por la iniciativa privada, y que si alguna persona desea asistencia médica, debe de asegurarse en alguna de las compañías del ramo para conseguirlo.

Teniendo este hecho en mente y partiendo de los casos arriba mencionados, Moore proporciona datos duros y realiza (paradójicamente) toda una radiografía de las políticas que rigen a las empresas aseguradoras, y empieza a develar la abominable maquinaria que se oculta tras sus impecables (y supuestamente amigables) fachadas: ambición desmedida, intransigencia hacia sus usuarios y sanciones internas a quienes contravengan sus intereses. En una palabra, el corporativismo despiadado llevado al terreno de la salud, donde se lucra indiscriminadamente con la misma en pos de ganancias e intereses de estos grupos y de otros relacionados con la industria farmacéutica, e inclusive con la vida política de esa nación (de hecho, se establece una clara relación entre la administración del presidente Nixon y una de dichas compañías aseguradoras).

Continuando desde este punto, el director aprovecha para comparar el sistema de salud de su país con el de otras naciones: el canadiense, el londinense, el francés e inclusive el cubano. Sobra decir que de esta comparación, los Estados Unidos salen muy mal parados: su sistema se evidencia como deficiente, la atención es pésima y el servicio no está al alcance del grueso de su población. Es irónico que los prisioneros en la base militar de Guantánamo tengan acceso a mejores equipos y atención médica que algunos de los rescatistas voluntarios involucrados en los hechos del 11 de Septiembre (hecho que dará pie a Moore para uno de sus actos provocadores, el cual le trajo dificultades con su gobierno). Pero sobre todo, lo que Sicko denota es que ese sistema está diseñado (y concebido) únicamente para incrementar las ganancias de quienes lo detentan, sin reparar en el costo social de los mismos. En algún momento del filme, el realizador se detiene a efectuar un cuestionamiento mucho más ético que político: “¿Quiénes somos? ¿En qué nos hemos convertido?” rezan las palabras del director, apabullado por las terribles realidades que sus pesquisas van evidenciando. Sicko es un desolador documental sobre lo que los gobiernos y las empresas son capaces de hacer en contra de su propia gente (actuando, por supuesto, a espaldas de ella), en pos de sus intereses particulares. Si creen que el atentado a las Torres Gemelas fue un golpe duro contra el pueblo norteamericano, hay que echarle un vistazo a su atención médica… allí podrán encontrar a los terroristas más peligrosos: los de cuello blanco. Como el mismo Michael afirma: “La mejor manera de mantenerte sano en Estados Unidos, es simplemente no enfermarte”.

 Ante verdades tan horrendas y desalentadoras, el estilo que Michael Moore use para mostrarlas viene a ser lo de menos. Y es que ante tal panorama, sólo se puede reír o llorar… o actuar para evitarlo.

¡Ah! Y como dato adicional: El filme tiene una dedicatoria especial para otro personaje que hizo de la ironía y el sarcasmo una de sus mejores armas: el escritor Kurt Vonnegut (1922-2007).

 

Ficha Técnica
Título Original: Sicko
Producción: The Weinstein Company, Michael Moore y Meghan O´Hara
Dirección: Michael Moore
Guión: Michael Moore
Edición: Geoffrey Richman, Chris Seward y Dan Swietlik
Música: Erin O´Hara
País: Estados Unidos
Año de Producción: 2007

 

Si quieren saber más acerca del Sicko o temas relacionados, visiten:
http://www.sicko-themovie.com/
Donde encontrarán más información de la cinta, y pueden enviarle al director sus experiencias (quienes las tengan) con el sistema de salud norteamericano.

O
http://www.michaelmoore.com/

Aquí encontrarán información sobre el realizador, sus obras, y un constante seguimiento y monitoreo sobre las investigaciones y los casos presentados en este y otros documentales realizados por él.



 
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