BUT FIRST... ARE YOU EXPIRIENCED?
DISCURSO Y EXPERIENCIA MÍSTICA EN EL
ROCK DE LOS SESENTA

                                                      Federico Tello Mendoza
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM/Lugares Comunes

 

Breve silencio al inicio del track, comienza una suave guitarra que segundos después es acompañada por un piano. De pronto una voz que desde hace ya cuarenta y un años me dice:  “I read the news today oh, boy” -el “oh” connota la invocación, el soplo de la musa. Dos explosiones se escuchan, una por la mitad y otra al final. Tres partes componen la pieza y las explosiones que se escuchan al final de la primera y de la tercera parte sólo hasta hoy creo entender lo que significan. Fueron compuestas, ejecutadas, grabadas y editadas para mí, el tercero en quien nunca pensaron, yo no soy el I ni el chico, el sujeto ilocutorio, sin embargo el mensaje es para mí, sólo existe en mi deseo de pulsar el play. La primera explosión es justo el momento anterior al abrir los ojos abandonando el sueño, la segunda, un paradójico preámbulo al volver a quedar plácidamente dormido. Es la historia de una día, un día en la vida, A day in the life del album Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band de The Beatles, grabado en 1967 al regreso del grupo de un viaje por la India. Este año tal vez sea el más importante para esta historia, y no sólo por la realización del Monterey Pop Festival en California, sino también por ser este el año del Their satanic majestic request de The Rolling Stones, el de Surrealistic Pillow y After Baxter´s bathing en la primavera y en el otoño, ambos de Jefferson Airplane; el de Roger the enginer, último disco de The Yardbirds con el que sería su tercer y último guitarrista, Jimmy Page, antes de cambiar su nombre a Led Zepellin en 1971. También el del segundo disco del segundo guitarrista de The Yardbirds, Eric Clapton, pero ya con una nueva agrupación, The Cream, que para ese año publicó el Disraeli Gears. Otros discos no menos importantes vieron la luz ese año;  el Somethig else de The Kinks, el Are you experienced? de The Jimi Hendrix Experience, el The Doors y el Strange Days de The Doors y tambien el The Piper at the Gates of Dawn, primer disco de Pink Floyd.

En todos y muchos otros discos más que se publican desde 1964 hasta 1971 de grupos menos conocidos existen constantes que se repiten continuamente: voces etéreas que cantan al vacío, invocaciones ausentes que son en ocasiones acompañados por ritmos e instrumentos hindúes y del medio oriente, y que en otras recuerdan a música infantil, a la música de circo o a marchas militares. Muchos años después de la aparición de toda esta música, el sentimiento que me transmite toda ella es contrastante, una tristeza pero no cualquiera, sino la tristeza que se adivina en los ojos llenos de alegría y esperanza del loco. Es el rock psicodélico. Estos puntos y los que trataré no agotan las temáticas, las figuras narrativas; ni siquiera toco propiamente la música, intentó poner en evidencia algunas de las condiciones sociales, históricas y existenciales que se pueden observar en del discurso lírico, en el sujeto de la enunciación, en el rock psicodélico. Faltarían muchas cosas por hacer, da muchos temas para explorar.

 

El momento histórico

Timothy Leary, swami del movimiento psicodélico desde 1964 y Ken Kesey, novelista autor del ya clásico One Flew over the cuckoo´s nest  -texto adaptado por Milos Forman  para su película Atrapado sin salida, con Jack Nicholson, acreedora al Oscar en 1971- fueron cada uno por su lado los ideólogos que dieron en los sesenta una especie de significado al consumo de LSD muy en la tónica de lo que habían sido una década atrás para los beatnicks, personajes como Allan Ginzberg, Jack Keroauc o William S. Burrougs. Se trataba de la revelación mística en la experiencia psicodélica. El propio Leary, en 1967 anunciaba que la revolución psicodélica implicaba una resurrección espiritual al seno de una nación materialista y atea.1 Para él se trataba de cientos, miles, millones, que en los próximos años probarían el LSD u otro alucinógeno. La humanidad podría ser separada en aquellos que habían experimentado con sustancias y aquellos que no. Para él la Revolución sólo se haría desde los bastiones de una nueva espirtualidad, no externa y no material. La cultura total tendía hacia esta experiencia interna, “la mayor parte de la moderna música de hoy... el folk rock, y la mayor parte del nuevo jazz... es psicodélica. Nómbreme un grupo que no tenga en su repertorio himnos al LSD y la marihuana. Lo mismo se aplica al dibujo, la arquitectura y  la poesía. El nuevo arte es psicodélico”.2

Pero en la agitación de esta época no todo era optimismo: aun sin rechazar propiamente el consumo de drogas, voces también se levantaron para, execrar las manifestaciones “proteicas” que a partir de la posguerra emergieron con el joven espíritu de rebelión, revuelta frente a la desarticulación del mundo anterior. La experiencia psicodélica también es pensada para este momento como parte del cúmulo del “rechazo radical de la sociedad de sus padres por parte de la juventud”. Jóvenes “a-culturales” cargados sólo de un “anhelo vacío” desprendidos y destructores de la tradición occidental a la que han remplazado por “tradiciones exóticas que sólo entienden de forma superficial”.3

El consumo de drogas tanto en Estados Unidos como en Inglaterra se incrementó estadísticamente a partir del fin de la Segunda guerra mundial, delta auspiciado en gran medida desde Washington por una política de prohibición e intolerancia que fue impuesta a los países apoyados en la reconstrucción, política convertida en eje administrativo de la nueva ONU y su dependencia la OMS.4 Fue la misma prohibición, en la lógica del secreto, y la erótica del deseo que implica, la que hizo cada vez más explícita la presencia de las drogas en los medios de comunicación en general a partir de 1947. Y si bien  el cambio que se presenta en los sesenta entre el música anterior al rock psicodélico y éste depende en gran medida de la experiencia con alucinógenos. No creo que se reduzca para nada a meras manifestaciones de una bohemia salvaje e ignorante exacerbada por las drogas. Sin caer en las supercherías de sujetos como Timothy Leary, el Majarishi en la India, o muchos otros gurús, creo que en el rock psicodélico existe en gran medida no sólo una manifestación cultural original sino que esboza una salida política y económica a las aporías de una economía de mercado aun cuando todo el rock psicodélico se realizó desde el mismo ámbito mercantil.

 

 
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