1968 Jorge Martínez Almaraz Cuarenta años, hace cuarenta años ya. Esta costumbre de contar de diez en diez nos hace darle importancia a los 10, 20, 30, y ahora ni más ni menos a los 40, es mucho decir, casi una vida ¿no? o ¿dos vidas? No hace falta hacer memoria porque la tenemos hecha. Hacer memoria es recordar, tenerla hecha implica no olvidar, y es que el 2 de octubre no se olvida. En el año de 1968 el mundo era otra cosa, México vivía el desarrollo estabilizador, era un país con tasas de crecimiento de 6.5 o 7%. Eso implicaba vivir con la confianza en el futuro y ser estudiante abría expectativas de triunfo en la vida. En un país con 48 millones de habitantes, con un crecimiento económico sostenido, ser universitario nos garantizaba la posibilidad de entrar en el ascensor de la movilidad social. Por ser universitarios pasaríamos con seguridad a ser miembros de una clase social más acomodada económicamente. Tendríamos las garras del Puma. Pero no sólo la UNAM era una escalera para la preparación de los jóvenes, el IPN también lo era. Estas dos instituciones competían en dignidad, en excelencia académica y también lo hacían en futbol americano, grande era la pasión por los juegos que se celebraban en el estadio de CU. Los estudiantes no nos perdíamos un solo juego entre los Pumas y los Burros Blancos. En ese entonces emulando a nuestros equipos jugábamos en las calles por las tardes o ya cuando había oscurecido, lo hacíamos hasta en el Paseo de la Reforma, ahí los policías, en patrulla intentaban detenernos, podríamos ir a dar a la delegación como delincuentes, ¿delito? En el año de 1967 se jugó el clásico, Poli–Uni, ganaron los PUMAS 36–0. Fue tal la decepción de los jóvenes Burros que asistieron al estadio de CU, que recorrieron la avenida de los Insurgentes y la Avenida de la Revolución lanzando piedras a los aparadores de las tiendas, y la policía… no apareció. En los noticieros se dio cuenta de los desmanes de los jóvenes en esa noche, los jóvenes defendiendo los colores de su equipo, pero en la televisión no se veían vestidos de guinda y blanco, sólo de blanco y negro, como la televisión. La televisión a color había entrado a transmitir desde el año anterior, el 1° de sep de 67. Sin embargo había pocos televisores a color, eso era un lujo. Los canales de televisión no eran muchos, existían el 2, 4, 5, el 11 del poli y hasta ahí, el 8 fue inaugurado en 68 que era de los empresarios de Monterrey. Y se anunciaba la próxima inauguración del canal 13 aún no de propiedad estatal. Teníamos clases sobre computación con programas COBOL, FORTRAM IV, tarjetas para perforar, y cintas magnéticas. Se usaban Camisas Wash & Wear de fibras sintéticas, plásticos por llamarlo crudamente; tricot, nylon, delcrón, suéteres de acrilán, ropa de delcrón y poliéster. Camisas Medalla y pantalones Gacela. En la universidad los de la Facultad de Derecho usaban traje y corbata, las chicas traje sastre con falda, recta por supuesto. En Filosofía, Ciencias, Economía y Ciencias Políticas, las muchachas llevaban ya pantalones, no todas ellas pero sí la mayoría; en Ingeniería, no sé, no me acuerdo de haber visto a ninguna chica con pantalones, bueno ni de falda tampoco. No, no había mujeres, pobres ingenieros. Eso de “Las novias de Ingeniería” fue siempre un mito.
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